sábado, 14 de noviembre de 2009

SUBIENDO A "EL CERRÓN"


El mayor yacimiento cartaginés de España.
En julio del año pasado se dio a conocer uno de los mayores descubrimientos de asentamientos púnicos en la península Ibérica. El poblado de El Cerrón se localiza en un paraje del municipio de Dalías en el poniente almeriense y encuentra ocupando un promontorio de las estribaciones de la Sierra de Gador, no lejos del Mar Mediterráneo, dominando una gran bahía.
Ni corto ni perezoso, con poco más que una cámara de fotos, algún que otro folio, un “Bic” y como no, mi GPS, intenté simular aquellos cartagineses que siglos antes habían pisado las piedras de El Cerrón. A pie, por la carretera que une las localidades de El Ejido y Dalías recorrí unos 4 km hasta que a la izquierda de un collado observé lo que parecía ser el lecho de un antiguo río. Mi navegador me indicaba que ese era el camino y yo no lo dudé. Me adentré por el pedregal durante unos dos kilómetros hasta que la suerte quiso que en un recodo el sonido de unas tintineantes campanillas delatase la presencia de un rebaño de cabras. Un perro, de color canelo o algo así, y con una de las orejas caídas con su frió hocico me dio la bienvenida. A pocos metros el conductor del rebaño, con andar cansino, rostro y manos ennegrecidas, gorra y una vara por todo atuendo se acercaba.
“Hola, “eiii” por respuesta. "Mire usted, estaba intentando localizar El Cerrón" le dije. ¿Si?, y “paque”, allí no hay “na” ni sube nadie desde hace mucho. Después de exponerle como pude mis inquietudes al respecto, Juan, que así dijo llamarse el pastor se soltó "Eso lo sabía todo el mundo, yo desde pequeño subía al Cerrón, con mi padre cuando llevamos a pastar a las cabras, “de chico” Era también la excursión preferida de nuestro maestro él, D. Serrín, nos contaba que los árabes habían estado allí arriba mucho tiempo" me informó el “amigo Juan”.
Añadiendo Juan "
ahora bien, antes había unas piedras cuadradas bien talladas que poco a poco han ido desapareciendo, no se quien se las ha ido llevando, pero para bajarlas hace falta tener unos…"
Aquellas palabras de Juan que al principio me sonaron a cuento, unidas a ese afán que guía al hombre por descubrir lo insólito, al contrario que desanimarme, hicieron brotar una sonrisa de satisfacción en mis labios. ¿Serían ciertas mis sospechas? ¿El Cerrón habría permanecido oculto a los ojos de arqueólogos y eruditos durante tantos años? ¿Pudiera ser yo uno de los pocos humanos que en los últimos 2.300 años contemplaría el esplendor de un Mediterráneo azul con los mismos ojos que sus pobladores originales los cartagineses? Inicié la subida.

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