Aludir a la historia como fuente del derecho de la posesión de un territorio nos lleva a pensar dentro de un “continuo histórico” hasta donde podíamos llegar a remontarnos en el tiempo a la hora de exhibir el derecho la posesión de algo. ¿Quien tiene más derecho histórico a la posesión, el que lo detenta en este momento o quizás el que lo tiene desde hace 1 año? ¿Cien años? ¿Mil? ¿Desde cuando?
Si optaríamos por alguna fecha, cosa bastante difícil dentro de un pensamiento lógico, pasaríamos a analizar la forma de adquisición de ese derecho. ¿Como se adquirió? ¿Se generó espontáneamente o fue simplemente, como en la mayoría de los casos, adquirido como resultado de un conflicto donde los ganadores hacen prevaler su derecho “de facto” a la posesión mediante la opresión, cuando no la supresión del derecho del “supuesto derecho” de los perdedores?
Y si así fue, cabría preguntarse respecto a quien lo detentó y lo perdió ¿porque sus sucesores tienen que sufrir las consecuencias de las acciones de los predecesores, perdedores del objeto o incluso del “derecho histórico”?
Si aceptamos, aunque sea minimamente, alguna de las afirmaciones anteriores y reflexionado sobre ellas, una vez extrapoladas al conflicto árabe israelí, nos pueden asaltar algunas dudas sobre afirmaciones, basadas en la “fe” más que en la razón, y que se suelen dar por sentadas a la hora de posicionarse respecto al mencionado conflicto.
Judíos o palestinos. Unos, los judíos, en la actualidad son los que tienen la posesión de la tierra, otra cuestión seria los medios para su obtención. Otros, los palestinos perdedores actuales pero detentadores durante el “poder turco” que durante casi diez siglos dispuso del territorio. ¿Pero antes?, ¿porque no Palestina romana, bizantina o griega? Todos ellos han dispuesto del poder sobre el territorio. Indudablemente el poder sobre Palestina no “les fue dado” en todos los casos, por métodos ni “históricos ni de derecho”, sino por la fuerza.
Ahora bien, si nos cuestionamos estos derechos “supuestamente históricos, nos estaremos cuestionando la base de toda una filosofía política, también muy discutible, la del derecho a una patria, a un lugar o territorio, por el mero hecho de pertenencia, de quienes forman parte de un colectivo, un pueblo o a una raza.
Abogar por la supresión de todo tipo de herencia de derechos y bienes y la que la única sucesión sea la del patrimonio de los conocimientos y el único
detentador de ellos sea el ser humano en su conjunto, individuo en su existencia, sin clan, patria o raza.